De la competencia comunicativa a la cultura comunicativa: ¿estamos realmente enseñando a comunicarnos?

Hablamos todos los días, en todos los espacios, desde lo íntimo hasta lo profesional. Sin embargo, en pleno siglo XXI seguimos formando hablantes inseguros, incapaces de improvisar, de sostener el interés de un auditorio o de expresarse con claridad ante otros. ¿La raíz del problema? Un sistema educativo que privilegia la escritura y la lectura, mientras abandona la enseñanza del habla como una competencia fundamental.

Este artículo propone un recorrido: desde la noción de competencia comunicativa hasta la idea más amplia de cultura comunicativa, para entender qué nos está fallando —y qué podemos hacer distinto.


¿Qué es la competencia comunicativa y por qué no basta con saber hablar?

La competencia comunicativa no se limita a “saber hablar”. Implica usar el lenguaje de manera adecuada, pertinente y efectiva, de acuerdo con el contexto, el interlocutor, la intención y el código sociocultural. Es un entramado de habilidades: hablar, escuchar, leer y escribir, que deberían desarrollarse en equilibrio.

Pero eso no es lo que ocurre.

En nuestras escuelas —y hasta en muchos postgrados— el foco está en la lectura comprensiva y la producción escrita. ¿Y la oralidad? Apenas se menciona. Se asume que hablar es natural y que cualquiera lo hace bien por el simple hecho de hacerlo desde pequeño. Pero hablar bien —hablar con sentido, con intención, con conciencia— se enseña y se entrena.

Oralidad y escritura: dos habilidades que necesitan equilibrio

Hablar y escribir no son lo mismo. Comparten el sistema lingüístico, sí, pero tienen modos, exigencias y estructuras diferentes. No distinguirlas ni darles el mismo peso ha generado un desequilibrio que empobrece la comunicación y limita el pensamiento.

En la mayoría de los planes de estudio, se entrenan hasta el agotamiento la ortografía, la gramática, los géneros textuales. Pero no se enseña a entonar, a improvisar, a usar el cuerpo como soporte del discurso, a articular con claridad o a sostener la atención de una audiencia. Tampoco se enseña a escuchar activamente, que es la base para hablar con sentido.

Preferencias ≠ Competencias: un problema que se arrastra desde la infancia

Muchos estudiantes dicen que prefieren hablar a escribir. Pero cuando se les pide que lo hagan frente a otros, la voz tiembla, las ideas se atropellan, el silencio gana. No hay competencia real porque no ha habido formación real.

Ese desfase —entre lo que creemos que sabemos hacer y lo que efectivamente podemos hacer— se arrastra desde edades tempranas y estalla en la adultez. Profesionales que no pueden improvisar, líderes que no logran conectar con su audiencia, docentes que repiten lo que leen porque no confían en su capacidad de explicar. Todos atrapados en una cultura comunicativa desequilibrada.

De la competencia a la cultura comunicativa: ¿qué necesitamos cambiar?

Superar este escenario requiere pasar de enseñar “la lengua” como un conjunto de reglas, a cultivar una cultura comunicativa, donde las cuatro habilidades lingüísticas estén interconectadas y se entrenen de manera consciente:

  • Hablar bien implica también saber escuchar
  • Escribir con claridad depende de haber leído y escuchado discursos significativos.
  • Comprender exige entrenar la atención y el sentido crítico.

El diseño de estrategias pedagógicas debe considerar la secuencia natural del aprendizaje comunicativo, donde una habilidad se apoya en la otra: leer, hablar, escuchar, escribir… y volver a empezar

¿Por dónde empezar? Un cambio urgente y posible

Enseñar a hablar no es enseñar a repetir. Es formar en conciencia lingüística, corporal, emocional. Requiere tiempo, metodología, y también voluntad institucional. Pero se puede enseñar, se puede aprender y se puede transformar.

Desde el enfoque que propongo, en talleres, cursos y programas especializados, trabajamos para que los hablantes adultos recuperen su potencia expresiva, fortalezcan su competencia comunicativa oral y se conviertan en protagonistas de una nueva cultura comunicativa.

¿Quieres ser parte de ese cambio?

Si quieres desarrollar tu competencia comunicativa de forma integral —sin fórmulas mágicas, pero con herramientas concretas y procesos probados— este es tu espacio. Porque la voz se educa. La escucha se entrena. Y la palabra puede ser un acto transformador.

Deja un comentario