Durante décadas, la enseñanza de la locución —y más ampliamente, del habla pública— ha estado atravesada por visiones técnicas, estereotipos de la voz perfecta y un enfoque restringido al medio radial. Pero la realidad ha cambiado.
Hoy, el hablante público es más que una voz agradable: es un movilizador de opinión, un constructor de cultura comunicativa y un actor clave en la interacción social, mediática y digital.
Este artículo traza un recorrido desde el locutor tradicional hasta la figura del perlocutor contemporáneo, que no solo dice, sino que transforma, persuade, conmueve e inspira desde la conciencia de su palabra.
Locutor, ilocutor, perlocutor: evolución de una voz con responsabilidad
Partamos del principio: todo hablante es locutor, en el sentido técnico del término. Pero no todo locutor es hablante público. Y no todo hablante público está consciente de su poder comunicativo. Desde una mirada pragmática y psicolingüística, podemos distinguir tres grandes momentos evolutivos:
1. El locutor informativo
En sus orígenes, el locutor era una figura casi exclusivamente técnica: voz clara, pronunciación precisa, lectura fluida. Su rol era transmitir información sin intervenirla. El énfasis estaba en la forma, no en el fondo. El oyente era pasivo, y el mensaje unidireccional.
2. El ilocutor reflexivo
Con el tiempo, la figura del locutor evolucionó hacia el ilocutor: alguien que no solo enuncia, sino que también actúa con su palabra. Aconsejar, sugerir, advertir, conmover… el acto de habla se volvió intencional, y la formación del hablante pasó a requerir también criterio, capacidad de análisis y dominio del contexto.
3. El perlocutor contemporáneo
Hoy, el hablante público ya no puede limitarse a emitir un mensaje, y la verdad es que yo hablaba de esto ya hace años. Debe generar efecto, resonancia, transformación. Esa es la perlocución: el impacto que nuestra palabra produce en la mente, el cuerpo o el comportamiento de quien escucha. Es aquí donde entra el concepto de competencia comunicativa elevada.
Hablantes en tiempos de espontaneidad aparente: ¿realmente somos más comunicativos?
Vivimos en una época en la que todo el mundo parece hablar. Las redes sociales están llenas de voces, opiniones, transmisiones en vivo, reels y discursos. Pero esta sobreexposición no garantiza competencia comunicativa. Confundir espontaneidad con efectividad es uno de los riesgos más comunes hoy.
En realidad, estamos frente a una paradoja:
- Por un lado, nunca habíamos tenido tantas oportunidades de hablar en público, aunque sea desde un celular.
- Por otro, jamás fue tan evidente la falta de formación real para sostener un mensaje con sentido, intención, estructura y conexión.
El mundo digital exige nuevas habilidades comunicativas:
- Improvisar sin perder el foco.
- Ser natural sin ser banal.
- Conectar con audiencias diversas.
- Conocer los efectos de la propia voz y palabra en medios digitales.
- Escuchar activamente en entornos fragmentados y veloces.
Del hablante espontáneo al comunicador estratégico
En la tradición formativa, distinguimos al hablante espontáneo (que se expresa de forma libre, cotidiana, sin mayor planificación) del hablante público, que requiere técnicas, conciencia de registro, manejo del discurso y dominio del contexto.
Hoy esa diferencia se ha vuelto borrosa: muchos quieren hablar en público “como si hablaran entre amigos” —pero con impacto, con claridad, con propósito. Y eso no se logra sin entrenamiento.
Un perlocutor no es un actor, ni un improvisador nato. Es alguien que comprende el poder social de su palabra, y la ejercita con responsabilidad. Sea maestro, influencer, periodista, emprendedor o sacerdote.
¿Qué exige el mundo de hoy a los nuevos hablantes públicos?
- Más que buena voz, se exige voz propia.
- Más que técnica, se espera criterio.
- Más que fluidez, se busca autenticidad consciente.
La oralidad, incluso en su forma más “espontánea”, exige pensamiento, estructura y afecto. Porque hablar bien no es hablar bonito: es saber mover algo en quien te escucha.
Por eso, en esta era de hipervisibilidad, se vuelve urgente enseñar a hablar desde una visión compleja, ética y situada. Ya no formamos locutores. Formamos agentes de sentido. El hablante del siglo XXI es perlocutor.
¿Y ahora qué? Hacia una pedagogía de la perlocución
La enseñanza del habla pública debe actualizarse. No basta con enseñar pronunciación, lectura o proyección vocal. Necesitamos una pedagogía de la perlocución que:
- Conecte la intención con el efecto.
- Equilibre naturalidad con estrategia.
- Forme en valores comunicativos: empatía, escucha, autenticidad.
- Incorpore los medios digitales como escenarios reales de formación.
Ese es el camino que recorremos desde este espacio de formación. Con base en años de experiencia y actualización constante, acompañamos a quienes desean no solo hablar en público, sino impactar desde su palabra.
¿Quieres fortalecer tu voz como hablante público? Aquí no prometemos fórmulas mágicas, pero sí procesos reales que transforman.